En la mayoría de historias que nos cuentan, tanto en los cuentos que leíamos de pequeños como en las películas que vemos de mayores, estas siempre acaban cuando empieza la relación de pareja. Así desde pequeños vamos incorporando modelos de enamoramiento más o menos aceptables, pero tenemos pocas referencia sobre la relación que viene después.
La pareja es una de las relaciones emocionalmente más importantes que establecemos a lo largo de nuestra vida, sin tener en cuenta que es lo que nos mueve y qué requisitos básicos tenemos que atender para poder construir un modelo sano.
Una de las creencias que dificultan la relación de pareja es la de que el otro nos tiene que dar la felicidad que nosotros mismos no somos capaces de darnos. Así no solo le damos el poder y una pesada carga al otro, sino que no exploramos las inmensas capacidades en nosotros y la exigencia y el juego de poder planearan siempre sobre esa relación: Te he dado el poder de hacerme feliz, sino lo cumples también serás responsable de mi infelicidad y por tanto el amor se convertirá en odio.
Otra de las creencias que nos incapacitan para tener una relación sana, es el considerar que la pareja es para toda la vida. Nada es para toda la vida, desde el momento que nos situamos como seres en transformación y crecimiento los caminos se pueden separar.
Si al final se acaba esta relación de pareja no debemos verlo como un fracaso de expectativas sino como algo natural en el camino, este punto de vista nos enriquecerá en nuestra vivencia.
La pareja también exige compromiso y por tanto renuncia. Siempre que elegimos una opción renunciamos a todas las otras posibilidades que puedan existir. Hasta que punto acepto esta circunstancia, también determinará en buena medida la evolución de la relación. Si me muestro siempre insatisfecho por lo que me falta y no por lo que la vida me va regalando en el camino, difícilmente podré gozar en una relación y vivir el aquí y ahora con plenitud y poder crear un proyecto sólido donde entre los dos se de la confianza necesaria para crear y comunicarse sin juzgar y sin moverse en el perverso juego del poder.
La relación de pareja también necesita de intimidad. La intimidad es mostrarnos al otro, sin máscaras, sin juzgar ni ser juzgados, tarea difícil cuando tememos que el otro nos pueda traicionar o no nos quiera como nosotros le pedimos. Te quiero no como tu quieres que te quiera, sino como en este momento con mis limitaciones y circunstancias puedo quererte. Admitir la libertad propia y del otro no como una grieta en la relación sino como una forma de mostrarnos como somos y estamos en ese momento de nuestra vida fortalecerá la relación.
Lo importante será el bienestar que siento a su lado y el suyo conmigo. El placer de estar con alguien que se ocupa de estar bien y de que yo también lo esté, que percibe lo que necesito y sabe pedir lo suyo, que disfruta de dárnoslo y dárselo, con el cual puedo mostrarme tal como soy y existe una comunicación sincera, eso es lo que hace el amor como vínculo en la pareja
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