Todo lo que amamos nos lo pueden arrebatar; lo que no nos pueden quitar es nuestro poder elegir qué actitud asumimos ante esos acontecimientos.
Víctor Frankl
A lo largo de la vida realizamos diferentes duelos y despedidas o más bien podríamos decir que la vida misma es un continuo duelo o despedida: de la etapas de la vida, de los trabajos, las casas, los amigos, los seres queridos, incluso nuestros propios “yos”, con sus corazas y defensas, que nos han servido para la vida, pero que a veces nos impiden vivir y que tenemos que superar. Y sin embargo cada vez que sufrimos una pérdida importante, nos invade un profundo dolor, ya que nos recuerda que nada es eterno ni siquiera nosotros mismos y que no podemos tener todo lo que deseamos porque la vida tiene más poder que nosotros. !Que grandes temores: la muerte física y la muerte del ego!
Algunos de estos duelos pasan por nosotros dejando su huella y en muchos casos, pueden ser muy importantes para nuestro crecimiento, pero otras nos dejan enganchados, somos incapaces de realizar el duelo necesario para cerrar esa etapa, esa separación y poder seguir caminando.
El resentimiento, lo no expresado, la culpabilidad , la rabia y las acciones no realizadas son algunas de las manifestaciones que enmascaran la tristeza y el dolor de la pérdida.
Y así nos vemos condenados muchas veces a repetir comportamientos y ciclos vitales sin extraer la riqueza de la experiencia vivida y quedarnos enganchados a experiencias del pasado que nos impiden proyectarnos de una manera sana y consciente hacia nuevas experiencias y ciclos vitales.
Según Bowlby: más pronto o más tarde, aquellos que evitan toda pena consciente hacen crisis. Vivir sanamente el duelo, consiste en dar un espacio y un tiempo a los sentimientos que se desencadenan.
Desde el miedo y el dolor, es desde donde podemos sacar la fuerza y enriquecimiento que nos lleva a la trasformación. Todo duelo tiene una parte de muerte pero también de renacer. Renunciar, despedirse, completar lo inacabado, supone no ir dejando una serie de situaciones inconclusas, pendientes, que impiden la posibilidad de satisfacer nuevas necesidades.
Algunos de estos duelos pasan por nosotros dejando su huella y en muchos casos, pueden ser muy importantes para nuestro crecimiento, pero otras nos dejan enganchados, somos incapaces de realizar el duelo necesario para cerrar esa etapa, esa separación y poder seguir caminando.
El resentimiento, lo no expresado, la culpabilidad , la rabia y las acciones no realizadas son algunas de las manifestaciones que enmascaran la tristeza y el dolor de la pérdida.
Y así nos vemos condenados muchas veces a repetir comportamientos y ciclos vitales sin extraer la riqueza de la experiencia vivida y quedarnos enganchados a experiencias del pasado que nos impiden proyectarnos de una manera sana y consciente hacia nuevas experiencias y ciclos vitales.
Según Bowlby: más pronto o más tarde, aquellos que evitan toda pena consciente hacen crisis. Vivir sanamente el duelo, consiste en dar un espacio y un tiempo a los sentimientos que se desencadenan.
Desde el miedo y el dolor, es desde donde podemos sacar la fuerza y enriquecimiento que nos lleva a la trasformación. Todo duelo tiene una parte de muerte pero también de renacer. Renunciar, despedirse, completar lo inacabado, supone no ir dejando una serie de situaciones inconclusas, pendientes, que impiden la posibilidad de satisfacer nuevas necesidades.
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