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domingo, 2 de noviembre de 2014

ABANDONO ESCOLAR Y EMPOBRECIMIENTO FAMILIAR



Héctor acaba expulsado todos los días que tengo guardia y siempre el mismo ritual:

-Vengo a apuntarme.

-¿Por qué?

-Por nada, yo no he hecho nada

Ya ha estado en el aula de convivencia, se ha hablado con  su madre y todo sigue igual. Ayer volvió a ser expulsado, tenía la mano vendada y le pregunté que le había sucedido y me dijo que se había quemado con aceite cuando se hacía la hamburguesa para cenar.

Le pregunté si se hacia siempre él la cena y me dijo que sí. 

-¿Y la comida? 

-No la comida la hace mi hermano

Su madre trabaja de una del mediodía a once de la noche en un bar, por un sueldo que a duras penas  les permite llegar a fin de mes. Héctor tienen doce años y su hermano quince, no sé cuanto tiempo lleva llegando a casa sin que ningún adulto pueda ocuparse de él: interesarse  por sus cosas, decirle lo que hace bien, animarlo ante las dificultades, en definitiva sentirse querido .

Lo que si sé, es que su madre no puede permitirse buscar otro trabajo, hay que comer, pagar las facturas y con los tiempos que corren...

Y así es como en nuestro país,  muchos familias,  no solo se están empobreciendo económicamente,  viviendo con el miedo e incertidumbre de no saber si podrán sacar adelante a sus hijos,  sino que una generación de chicos y chicas van a tener que crecer viendo el miedo en la mirada de sus padres y /o madres y sin saber que es sentir que a la vuelta del cole alguien te espere para decirte:

  ¿Cómo te ha ido el día?

 

domingo, 5 de octubre de 2014

EDUCAR A NUESTRAS NIÑAS Y NIÑOS ES TAREA DE TODOS

Había  una vez, en un cercano país,  una joven y divertida ardilla que hacía las delicias de  las niñas  y niños de su aldea con sus juegos. Hasta que un día observó que las niñas y niños estaban cada vez más tristes, nada les hacía reír. Abatida por el aburrimiento,    se dirigió a consultar a la  lechuza. Ésta,  que había acumulado su sabiduría,  a fuerza de observar a través de las sombras de la noche,  pudo ver a través de la desdicha de la ardilla que un terrible problema se cernía sobre la aldea. Se posó sobre la  rama más alta del árbol más  anciano y venciendo su sueño diurno observó lo que sucedía en la aldea.
Tienes razón ardilla, los niños y niñas  de ésta aldea están tristes, nada parece interesarles y sus mayores no parecen ser consciente de lo grave que es que las niñas y niños estén siempre tristes
-¿Y qué podemos hacer nosotras?. Preguntó la ardilla
-Hay que convocar a toda la aldea y decirles lo que sucede.
Al principio todos pusieron excusas para acudir: el panadero no podía porque tenía que amasar la harina, el herrero tenía que mantener vivo el fuego, las mujeres cuidar de sus huertas, los hombres  llevar el ganado a pastar, el maestro  escribir ejercicios en su negra pizarra…
Pero la lechuza, que era muy respetada en su aldea, porque  sabían que solo ella era capaz de  ver en la noche más oscura. Fue contundente:
Si  queréis salvad a vuestras niñas y niños tenéis que acudir todos sin demora a la plaza
Una vez todos reunidos,  la lechuza con su voz grave y profunda dijo:
Vuestras niñas y  niños están siempre tristes, porque  estáis todo el día tan ocupados en vuestros quehaceres,  que nadie les mira y sin el espejo de vuestras miradas, no saben quiénes son y se mueren de tristeza.
Un profundo y estremecedor silencio invadió la plaza. Nadie quería sentirse responsable de lo que ocurría a las niñas y niños que tanto querían. Poco a poco, fueron bajando las miradas y asintiendo la evidencia.
Y fueron las palabras sinceras de la lechuza,  las que trajeron la paz a la aldea. Porque a partir de ese día todos y cada uno de sus habitantes miró a los niños. El panadero no solo hacía pan, sino ricos pasteles de formas divertidas para las niñas y niños de la aldea, el herrero, no solo forjaba herramientas y útiles para el trabajo, sino que ideó divertidos juegos, las mujeres les enseñaron  lo hermoso de ver crecer los frutos de la tierra, los hombres, les llevaron por  paisajes inéditos donde llevaba a  sus ovejas a pastar y  el maestro  sustituyo su negra pizarra por los colores de la vida.
Y así fue,  como las niñas y niños se sintieron reconocidos y volvieron a sonreír, porque como ya sabéis: Para educara un niño y a  una niña,  hace falta toda una aldea.


Autora: Àngels Garcia Ventura

jueves, 3 de julio de 2014

EDUCAR ES PERMITIR DESARROLLARSE

El castigo, ha estado presente desde la antigüedad en todas las sociedades,
pero es a partir del S.XVII cuando desde diferentes corrientes de pensamiento
se desarrolla de forma institucionalizada. Desde Thomas Hobbes, en su obra
El Leviatan, con su concepto del hombre es un lobo para el hombre, a
Rousseau en su Contrato Social,  se va construyendo todo un tejido teórico,
que propicia que los estados modernos, asuman el castigo como una forma de
corregir el comportamiento humano (Garcia, À.y Sánchez,O. 2014).

La escuela, como el resto de la sociedad,  hizo suyo éste principio que aún perdura y pone la mirada más en corregir lo que los niños y  niñas hacen mal, que en aquello en lo que progresan y son hábiles, trasladándoles una imagen de si mismos de incapaces y no de seres plenos    en desarrollo,  con  cualidades y  posibilidades para crecer y aprender .

Así nuestros niños y nuestras  niñas,  aprenden más por miedo al castigo que por interés en descubrir todo un mundo por explorar y la curiosidad propia de la infancia, se trasforma en un duro reto,   donde el premio es que los  valoren y acepten, no por lo que son, sino por la capacidad que tengan de  responder a las  expectativas que  se depositan en ellos y en ellas,  muchas  veces construidas sobre  necesidades  propias   de una sociedad,  dónde el éxito profesional se confunde con el éxito personal.

Mayor reto es el de las niñas,  que tienen que superar el  estereotipo 
de  niña y que ilustra el vídeo de este enlace. 


http://www.tronya.com/cuando-le-dijeron-a-un-grupo-de-personas-que-lanzaran-como-ninas-jamas-esperaron-esto/

lunes, 23 de junio de 2014

UNA MIRADA SISTÉMICA DEL ABANDONO ESCOLAR A TRAVÉS DEL APEGO Y LA FAMILIA

Abandonar el sistema educativo es una decisión personal, resultado de un proceso de 
desenganche progresivo que atiende a diversos factores y que se articulan de un modo 
complejo. A través de este trabajo hemos analizado casos de abandono escolar temprano, 
respecto a sus vínculos de apego y sus experiencias escolares. Mediante la narrativa, 
estos chicos se cuentan y nos cuentan la importancia de la valoración y el reconocimiento 
para construirse sobre una base segura. Proponemos reflexiones que incorporen una 
mirada sistémica de la educación, capaz de establecer un buen vínculo y comunicación 
entre los diversos subsistemas. Una escuela donde el alumnado y sus familias puedan ser 
miradas no en sus carencias, sino en sus fortalezas.

Los científicos dicen que estamos 
hechos de átomos, pero a mí un 
pajarito me contó que estamos 
hechos de historias."
Galeano, E.

Autoras: Àngels Garcia Ventura y Olaia Sánchez Rosell


Artículo completo

jueves, 4 de julio de 2013

CONCEPTOS DE LA ETAPA DEL NIÑO AL ADULTO



La adolescencia es sobretodo un  periodo de profundos cambios, no solo físicos sino psicológicos y cognitivos. La imagen que se va formando el propio ser de si mismo empieza a sufrir cambios ajenos a su voluntad. Lo primero que el adolescente observa a veces con gran sorpresa y vergüenza son las transformaciones de su cuerpo que le empuja hacia un nuevo lugar que está por construir. Empieza a no querer mostrarlo, a buscar su intimidad  y toma conciencia a través de esos cambios que es  un ser sexuado.

Pero no solo él observa esos cambios, sino que su entorno también le devuelve una mirada diferente. Mirada que para un ser en construcción es, pese a las diferentes actitudes que adopten muy importantes al estar poco construida. De ahí la importancia de ser cuidadosos con un ser que pese a que en algunas ocasiones se nos muestre fuerte y desafiante, en realidad esconde una gran fragilidad.

La rebeldía del adolescente, entre otras causas, tiene la frustración de no saber como manejarse ante todos estos cambios. El adolescente se mueve entre sentimientos ambivalente por una parte la libertad y las nuevas experiencias que se le abren en esta etapa, pero por otra parte existe el miedo a no seguir protegido y atendido como cuando era niño.

Los vínculos se van a modificar a medida que se va construyendo su propio yo. La imagen de los miembros de la familia cambian, el adolescente lucha por crear su identidad,  para lo cual, necesita autoafirmarse e independencia de los modelos que los padres van a fijarle. Para construirse tendrá que alejarse de la figuras parentales, lo cual no siempre le resulta fácil y a veces pasa por periodos de rebeldía, rabia y  a veces el tan insostenible para los padres,  periodo de aislarse en si mismo, rompiendo la comunicación con las figuras familiares y de autoridad, pero  a veces es la única manera que él tiene para crecer.

Esta rebeldía contra las figuras de autoridad, representadas por el mundo adulto se transforma en un acercamiento hacia su grupo de iguales, los amigos/as, los grupos con afinidades o causas compartidas, le devuelven el sentimiento de pertenencia que ve peligrar en su lucha por separarse de los padres. Una educación previa, en la familia y en la escuela en valores, es fundamental en esta búsqueda de objetivos comunes y pertenencia evitando caer en grupos no “recomendables” y que a veces por su férrea unión sirven de substituto a la necesidad de amparo y aceptación que busca el adolescente.

La adolescencia por tanto se platea como una segunda etapa de individuación que plantea procesos de:

·         Exploración

·         Diferenciación del medio familiar

·         Búsqueda de pertenencia  y sentido de vida

En este proceso de cambio, de pasar de la niñez a la edad adulta, el adolescente necesita tener oportunidades, experiencias para comprobar lo que sabe de él hasta el momento, adquirir nuevas destrezas, nuevos recursos.

La libertad de aprender y de construirse conlleva a veces errores, dolor en la experiencia cuando no es grata, pero intentar “salvarlos” y “protegerlos”, es impedirles crecer y es aquí donde los padres tendrán que hacer su duelo del cual hablaremos más adelante.

Vivir es sentir, experienciar, no podemos alegrarnos si antes no sabemos que es llorar y así el mundo también  se convierte en un lugar muy interesante, lleno de retos, con multitud de posibilidades de tener experiencias nuevas para compartir.

Pero la realidad es  que los adolescentes tienen una gran sensibilidad y necesidad de trascendencia en el bien común, solo hace falta no distraerlos con lo superficial y dejarlos sentirse válidos, que ellos pueden, que lo que hagan nos importa y que tienen derecho a exigir y contribuir a un mundo mejor






APROXIMACIÓN AL MUNDO INTERIOR DE LOS JÓVENES



En muchas ocasiones a profesores y padres,  el desconocimiento del mundo interior de los jóvenes, nos lleva a reacciones que tienen que ver más con nuestra falta de recursos y miedos que a lo que realmente está sucediendo o necesita el adolescente, sumiéndonos en la frustración  y el dolor o en el caso de algunos  padres a la “dimisión” de sus responsabilidades como tales.

Siempre hemos considerados los sentimientos como algo íntimo, tanto que ni a veces nos hemos permitido reconocerlos y por tanto vivirlos, ¿podemos entonces desde una institución pública como la enseñanza reconocerlos  como actores en nuestro trabajo?

Reconozcámoslo o  no, las emociones  son en esto momentos protagonistas en los centros educativos. Cada vez que veo entrar un compañero en la sala de profesores “resoplando”, le escucho chillar a un alumno  o aparentemente, desatendiendo las emociones que la confrontación con sus alumnos le producen, se   hunde en un sillón , veo la necesidad de saber manejarnos y comprender lo que nos está sucediendo, sumiendo a veces en la frustración, el desánimo o el cinismo como coraza.

Pero además de las que nosotros mismos vivimos,  aquellos con los que estamos en contacto,  es decir la propia adolescencia, es por si misma, un tumultuoso camino de emociones que van desde  el vacío interior, la tristeza, la vergüenza, la rabia y la necesidad de comprensión, el amparo y la aceptación, la necesidad de sentirse…...Todas ellas son legítimas y necesarias para que haya crecimiento y  en todas  tenemos  que saber manejarnos como seres maduros. Respetarlas y no enajenarlas, es tarea importante de aquellos que bien como padres, enseñantes o terapeutas les acompañamos en este, a veces  difícil, pero emocionante camino.

Es necesario sanar la diferencia entre racional y emocional, en las escuelas, instituciones y sobretodo en el hogar, facilitando la integración entre cabeza y corazón, lo cual supondrá un cambio de paradigma. Nos tratamos de la forma en que hemos sido tratados, tratamos a las otras personas de la manera en que nos tratamos a nosotros mismos.

Pero conviene saber, sobretodo cuando hablamos de la necesidad de que el adolescente exprese y reconozca sus  emociones  que  la violencia y la agresividad no son emociones, sino comportamientos y que no son lo mismo que el enfado, aunque en algunas ocasiones los sentimientos no correspondidos, la indefensión y la vergüenza son, la base de una ira que puede conducir a la violencia. La violencia, estaría relacionada con el miedo y la rabia; es un escape del miedo, una huida hacia delante.

Una de las  mayores gratificaciones que tiene la violencia y la destrucción es la sensación de poder que vive  el violento mientras humilla, hace daño o degrada a otro ser humano. A veces el adolescente distorsiona la realidad asumiendo el papel de víctima de la sociedad. Deshumaniza el “objeto” víctima de su violencia y considera que actúa dirigido por su conciencia de una forma justa y necesaria. Surge el sentimiento de estar obligado a hacerlo. La violencia suele ir unida también a una baja autoestima, intentando con ella, demostrar su poder como mecanismo de compensación.

De cuando en cuando, a  raíz de algún suceso o estudio,  podemos leer titulares relacionados con la violencia en las aulas, se habla de su aumento y se tratan de forma muy generalizada. Pero lo cierto es que si bien ha habido un cambio  o transgresión de  valores  no todos los actos de rebeldía de un adolescente pueden ser considerados como actos violentos.

También es importante distinguir lo que es un carácter o comportamiento violento y lo que puede ser un hecho puntual de ira por circunstancia determinadas, lo cual no elude la responsabilidad y atención que tenemos que tener respecto a cualquier “mal trato” en los Centros de Enseñanza.





NUEVAS REALIDADES, NUEVAS MIRADAS EN EDUCACIÓN


En España con  el modelo de enseñanza obligatoria hasta los 16 años, hemos ganado en igualdad y  hemos acabado   con un modelo de enseñanza elitista, este cambio   ha supuesto  que  en los Institutos, tengamos  que  acoger a   alumnxs  con    problemas derivados de su entorno,   chicos y chicas que hace tiempo  se quedaron por el camino en lo académico y que poco o ningún interés tienen por lo que les ofrecemos en las aulas y que permanecen en ellas simplemente porque lo dice la ley. Hoy más que nunca vienen a mi mente las palabras de Eduardo Galeano: El mundo trata a los niños ricos como si fueran dinero, para que se acostumbren a actuar como el dinero actúa. El mundo trata a los niños pobres como si fueran basura, para que se conviertan en basura. Y a los del medio, a los niños que no son ricos ni pobres, los tiene atados a la pata del televisor, para que desde muy temprano acepten, como destino, la vida prisionera. Mucha magia y mucha suerte tienen los niños que consiguen ser niños.
Chicxs que nos desafían y confrontan, ante lo cual los profesores, que nunca nos habíamos preparado para esto,  nos investimos de una autoridad basada en el miedo al castigo y no  en el respeto,  actitud que     se desmorona   simplemente con una voz que nos cuestione. 
Y con  la situación económica y social por la que atraviesa nuestro país,  es de prever que aumentará   el número  de chicxs en nuestras aulas cuyas familias estén atravesando situaciones difíciles,  algunos de los cuales pueden encontrarse incluso  en situación grave de vulnerabilidad y riesgo social y cuya  integración de alguna manera en el sistema educativo puede ser una oportunidad para ellos.
Ante esta realidad pretendemos a veces  que ellos cambien, sin cambiar nada nosotros y esto es imposible, no podemos pretender entrar en el aula esperando que se comporten como si nada de lo que hemos señalado existiera, porque las personas nos configuramos en base al entorno en el cual nos desarrollamos y algunos entornos son muy adversos e injustos. ¿Y que podemos hacer  ante  estxs jóvenes,  para que tanto ellos como nosotros, vivamos la experiencia como un reto para desarrollar nuevos recursos y no como una difícil realidad en la que nos asfixiemos ellos y nosotrxs ?

Aunque mi intervención  tratará sobre todo de la relación  alumnx-profesor/a, no quisiera dejar de señalar dos grandes deficiencias a mi entender, del funcionamiento de los Centros actualmente  

Ø  En primer lugar  hay que mejorar la participación de las alumnas   en algo que les concierne tanto como su educación.  Son  una minoría en los órganos de representación. No existen o son escasas  las asamblea de grupos o de delegados. Nos dedicamos más a darles charlas y a aleccionarlos sobre lo que consideramos que les interesa, que a escuchar   cuáles son sus inquietudes. Les hemos quitado la voz y nos extraña que  chillen, no “sepan expresarse”, o que no se impliquen en el cumplimiento de unas normas sobre las cuales no han intervenido.
Ø  En segundo lugar los profesores, también nos quejamos de la falta de participación de las familias, ¿pero para que convocamos generalmente a los  padres   y madres sino  para reiterarles que su hija nos causa problemas o que simplemente,   es un problema? ¿Cuántas veces les llamamos para pedirles opinión, para acordar, para recalcarles lo  bueno y  provechoso? ¿O simplemente para conocerlas y saber  de dónde vienen nuestras alumnas? Muchas veces juzgamos y  recriminamos a las familias en su labor de educar a sus hijas, cuando no sabemos nada o bien poco de sus realidades, de cómo fueron a su vez educados esos padres y madres, ni de cuáles son sus vidas y sus necesidades. Hemos de buscar juntos aquello que  pueda ayudar a esos chicxs, en lugar de intentar cambiar algo que no está en nuestras manos y que solo puede causar fractura entre los padres y madres  y nosotros, cuando todos buscamos lo mismo, aunque no sea como lo imaginemos  .
Centrándome ya en lo que sería el trabajo profesor/a-alumnx, quisiera recalcar que   lxs profesorxs nos hemos esforzado mucho en aprende conocimientos para luego trasladarlos a nuestrxs alumnxs, pero nadie nos enseña a cómo hacerlo en las actuales circunstancias.
Muchas veces confundimos su manera de crecer, mejor o peor, con un ataque personal hacia nosotrxs, hacia nuestra “autoridad”, hacia nuestra ser y respondemos ante hechos censurables del alumnx con el rechazo a toda  su persona, sin ni siquiera reconocer  de donde viene o cual es su realidad. Cuando un alumnx encuentra un adulto que lo escucha pero sin juzgarlo en su proceso, lo cual no impide poner normas en absoluto, este se convierte en un alumnx receptivo.
Ante nuestras  humanas dificultades ¿cómo nos podemos presentar ante nuestros ellxs  para mejorar nuestra presencia en el aula? En primer lugar aceptándonos como lo que somos, personas con sus dificultades y  con una difícil tarea: contribuir al conocimiento y al desarrollo integral de unos seres que caminan con sus también dificultades por el reto de crecer y formar su identidad.
Admitiendo nuestras dificultades, les permitimos también hacernos partícipes de las suyas y así se sentirán aceptados y se producirá un acercamiento dónde solo existían reservas, defensas y por tanto barreras. Si no establecemos un buen vínculo,  no habrá una buena  comunicación y sin  comunicación no podremos trabajar, solo establecer un juego de poder en el que ellos tienen las de ganar, pero  nada que aprender,  ni nosotros tampoco.  
Para poder dar respuestas saludables a  estos aspecto, es importante saber manejarnos con todos las emociones que los continuos desafíos que nos plantean nos van a provocar, así como sostener la de ellos y en la medida que nosotros seamos capaces, ellos también,  aprenderán a hacerlo.
En la enseñanza nos cuesta abordar estos temas,  no existen contenidos respecto a la conciencia emocional, ni unidad didáctica para manejar el enfado, el miedo o  la tristeza, ni sabemos cómo superar la vergüenza. En cambio muchas de nuestras reacciones  tienen que ver más  con nuestra falta de recursos   y nuestros miedos que a lo que realmente está sucediendo o a lo que necesita el alumnx, sumiéndonos muchas veces  en  la frustración y el enfado.  Y es que  las emociones aunque  son protagonistas de  las  situaciones de “conflicto” en nuestros institutos,  poco o nada sabemos de ellas
En diferentes apartados de la actual  ley de educación dice que tenemos que   enseñarles a desarrollarse emocionalmente, cuando nadie nos ha enseñado ni a nosotros mismos a hacerlo. Solo hay que dar un repaso a la historia de nuestra  cultural, para ver que opinión tenemos de las mismas y  entender porque son silenciadas.
Así pensadores como:
PLATON: Las emociones son caballos salvajes que tienen que ser refrenados
ARISTÓTELES: Cualquiera puede enfadarse, eso es sencillo. Pero estar enfadado
con la persona adecuada, en el grado exacto, en el momento oportuno, con el
propósito justo y de la forma correcta, eso no es sencillo” .
DESCARTES: Pienso, luego existo
Y  SANT –EXUPERY  nos dice en El Principito  : No se ve bien sino con el corazón, lo esencial es  invisible a los ojos.
Así las   emociones se nos han ido presentando como  algo  a silenciar, separadas del resto de nuestro ser racional y mental, cuando en   realidad son    una valiosísima información sobre cuáles son nuestras necesidades y metas y nos proporcionan una guía sana de cómo actuar. Por ello y aunque sea de una manera breve me gustaría contribuir a un cierto conocimiento de cuáles son las emociones fundamentales y que nos dicen de nosotros y de nuestro sentir para así poder manejarnos mejor en las diferentes situaciones de conflicto con nuestrxs alumnxs S
La cuatro emociones básicas del ser humano son:

EL MIEDO  Que nos advierte de un  peligro, es el instinto de supervivencia, pero también nos ata y nos impide ser libres. Muchas veces se manifiesta con retraimiento o con  movimientos físicos constantes (piernas, bolígrafos). El miedo fundamental es a no ser aceptado, a no valer, a n o responder a las expectativas de padres/madres, al fracaso o al ridículo.
LA TRISTEZA.  Nos informa del dolor de sentirse conmovido por una despedida o algo que termina. A veces surge ante la renuncia o rendirse ante un conflicto y aceptar lo inevitable. La tristeza nos informa de que algo nos está haciendo sufrir.
LA  ALEGRIA   Nos expande y  nos lleva hacia los demás. Muchas veces cortamos la emoción de la risa o la alegría porque pensamos que vamos a  perder la “compostura” y  así, ejercemos  un fuerte control sobre nosotros y sobre nuestras emociones y    vivimos en la mente y en la rigidez  que es vivir en una pequeña parcela de nuestro ser.
 LA RABIA: es una emoción que a veces tiene una causa concreta, pero  otras surge de un cúmulo de causas y circunstancias que son difíciles de precisar. La mayoría de las veces surge ante una sensación de frustración e impotencia, que aparecen cuando nuestras expectativas no se ven cumplidas, nos sentimos bloqueados al no conseguir algo. Puede surgir también cuando nos sentimos dolidos o asustados. También aparece  para exigir nuestro poder. Puede tapar también sentimientos como la tristeza o la inseguridad, o la falta de auto-estima, o para reforzar un yo que se siente frágil. Muchas veces la rabia deja de surgir aprendiendo a decir no a tiempo. Cuando aprendan a no esperar a que los demás cubran sus carencias y necesidades, es decir consigan autoafirmarse y crecer  la rabia dejará de surgir, mientras tendrán que aprender a expresarse sin dañar a lxs demás 
Hay que saber  que tanto  la violencia  como  la agresividad no son unas emociones, sino  comportamientos que no podemos permitir  y que no son lo mismo que el enfado.
Hay otras emociones, que llamamos secundarias,  que generalmente surgen de la necesidad de controlar o tapar nuestras emociones básicas. Así el enfado suele enmascarar sensaciones de impotencia y de dolor, es defensivo. La ira  se  relaciona con  la pérdida de auto-estima o para enmascararla, aparece  relacionada con amenazas a un si mismo que se siente frágil.  La ansiedad: emerge cuando estamos inseguros o ansiosos, porque estamos intentando tapar otros  sentimientos  centrales de enfado, tristeza o debilidad y  que creemos que  pueden dañar nuestras  relaciones con otras personas.
Y la vergüenza,  que tanto se da en nuestrxs jóvenes y que puede enmascarar el sentirse herido, débil, necesitado, enfadado o asustado. Surge de la visión negativa de uno mismo, si somos capaces  de manejar la  autocrítica la vergüenza desaparece y suele estar relacionada con la debilidad y la vulnerabilidad.
Así que podemos decir  que tras emociones aparentemente fuertes y desafiantes suele haber un yo frágil  y que lo será en mayor medida en cuanto  las necesidades básicas de esx chicx    no hayan  sido cubiertas en sus cortas vidas. Entendiendo por necesidades básicas no solo  las fisiológicas: de alimentación, descanso, etc.…sino las relacionadas  con  la seguridad, la afiliación, sentirse querido, que pertenecen, el reconocimiento, y la auto-realización.   
 Así  que no olvidemos que cada unx es únicx, diferente y aunque en ocasiones puedan  aparecer como rebeldes, desafiantes,  irresponsables, también pueden ser cercanos, interesados, tiernos, responsables y como tales debemos  reconocerlos
Para terminar quisiera leeros un cuento, se llama
Tu nombre
Cuando una mujer, en algunas tribus de África, sabe que está embarazada, va al bosque con algunas amigas y juntas oran y meditan hasta que pueden oír la canción del niño concebido.
Saben que cada alma tiene sus propias vibraciones y éstas  expresan el sabor y la finalidad del nuevo niño. Cuando las mujeres sintonizan la melodía de la canción la cantan y la cantan. Después vuelven a la tribu y se la enseñan a todos sus miembros.
Cuando el niño nace, la comunidad se reúne y le cantan su canción. Más tarde, cuando el niño comienza su educación, el pueblo se reúne y canta la canción del niño. Cuando pasa los ritos de iniciación a la vida adulta y cuando contrae matrimonio la persona oye su canción.
Finalmente cuando el alma va a dejar este mundo, la familia y el pueblo se reúnen por última vez alrededor de su cama y le cantan su canción.
En esta tribu africana hay otra ocasión en la que todos cantan al niño. Si a lo largo de su vida esta persona comete un crimen o un acto antisocial, el individuo es llamado al centro del pueblo y todos formando un gran círculo le cantan su canción.
La tribu reconoce que la corrección por la conducta antisocial no tiene que ser un castigo sino un acto de amor y el recordatorio de su identidad. Cuando uno reconoce su propia canción, no tiene deseo ni necesidad de hacer nada que perjudique a los otros.
Un amigo es alguien que conoce tu canción y te la canta cuando la has olvidado.
Los que te quieren no se dejan engañar por tus errores o por la imagen negativa que tienes de ti mismo. Recuerdan tu belleza cuando te sientes feo; tu inocencia cuando te sientes culpable y tu finalidad cuando te sientes confundido.
La vida tiene que recordarnos siempre cuando estamos en sintonía con nuestra canción original y cuando no lo estamos.
                                                        Ponencia de Àngels Garcia en las Jornadas Tirant del Fil