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viernes, 30 de agosto de 2013

ANTE LA CRISIS

En terapia consideramos las crisis como una oportunidad de mejorar nuestra vida y nosotros mismos. Es el momento  de vencer los temores que a veces nos paralizan y  reinventarnos, abandonando lo que no nos  sirve y creativamente tomar impulso. Que ello sea posible dependerá en gran medida de que tengamos ciertas actitudes ante la vida:

  • Una   visión ante la historia propia y común como un continuo que evoluciona y se  trasforma y sobre la cual podemos influir.
  • Asumir la  responsabilidad de nuestras decisiones y  no delegar  en otros la solución de nuestros problemas.
  • Tener consciencia de pertenencia y que nos permite  compartir  con otras personas el dolor, la tristeza o el miedo, en los momentos críticos.
Hoy más que nunca se hace importante estas actitudes, cuando la crisis que nos envuelve va más allá de lo individual. Ser conscientes de nuestro poder personal para trasformar lo que ya no nos sirve, lo que no nos hace más grandes como individuos, sino más pequeños, lo que nos aísla de lo que nos une, lo  que nos esclaviza frente a  lo que nos libera.

Hoy es un buen día  para creer en nosotros, ser  valientes y creativos, apoderarnos de   nuestra historia,   ante los que deciden por nosotros. Hoy es un buen día,  para conseguir un mundo más digno para nosotros y  nuestros hijos.

jueves, 22 de agosto de 2013

LA ENFERMEDAD: UNA OPORTUNIDAD


 

Vivimos una época en que los valores de mayor cotización son el éxito económico, la competitividad, la arrogancia, la juventud. En esta era de “triunfadores”, en que la consigna parece ser la de comerse el mundo, la enfermedad viene a ponernos de nuevo los pies sobre la tierra,  nos recuerda que tenemos necesidades,  que somos vulnerables y por eso mismo  se oculta con cuidado y pudor a los ojos de la gente sana.

Es difícil   hablar de la enfermedad como algo positivo e incluso a veces necesario, cuando  la salud se nos presenta como un valor tan absoluto.

La medicina  nos aclara  el cómo de la enfermedad, pero casi nunca, pese a los recientes avances en el campo de  la neurociencia, el porqué y menos a la angustiosa pregunta de: ¿Por qué precisamente a mí?

Cuando existe un desequilibrio,  una falta de armonía, el cuerpo se muestra, habla y nos habla más allá del filtro de la razón. Es el vehículo de transmisión de lo que nos está ocurriendo, llama nuestra atención, a veces irrumpiendo de una manera brusca y por sorpresa en  nuestra vida. A la mente podemos engañarla, pero no al cuerpo.


Cuando aparece un síntoma, hay que escucharlo, atender  lo que nos está indicando de nuestra vida: a esa energía bloqueada, a esa necesidad no satisfecha o a esa polaridad negada. Si  solo  eliminamos su molestia, corremos el riesgo de que  derive en una enfermedad y a no recibir la información necesaria para mejorar nuestra vida 

lunes, 19 de agosto de 2013

ANGUSTIA Y CONTROL


Tenerlo todo controlado, nos produce la ilusión de que podemos evitar imprevistos y la consecuente incertidumbre de si seremos o no capaces de resolverlos.

Este control que ejercemos sobre nuestra vida cotidiana,  nos produce una tensión y un estar alerta más propios de una época  en la que éramos depredadores y nuestra vida estaba expuesta a  constantes peligros  que a la sociedad actual.

Al igual que las adicciones, cuando más control queremos ejercer, más tensión y miedo acumulamos y por tanto más control necesitamos, para evitar la angustia de sentirnos vulnerables, entrando en un espiral  sin salida.

Una cierta planificación y organización,  puede evitarnos  inconvenientes, pero cuando el control  se convierte en una actitud ante la vida, la razón nos limita la capacidad creadora y  de adaptabilidad ante situaciones nuevas.

Vivir los imprevistos  como una oportunidad de aprender y desarrollar nuevas  habilidades,  o de poner a nuestro servicio la experiencia acumulada a lo largo de los años de nuestra vida, nos proporciona seguridad en nosotros mismos y en la vida,  que precisamente por eso, por estar viva, se mueve y se trasforma a cada instante. Y es  en sí misma imprevisible  

jueves, 10 de noviembre de 2011

¿QUÉ ES LA TERAPIA GESTALT?

¿QUÉ ES LA TERAPIA GESTALT?
Solemos vivir muchos acontecimientos de nuestra vida, como obstáculos que tenemos que superar, donde creemos que nuestra valía se ve en entredicho si no somos capaces de solucionarlos con nuestros propios recursos.
Mientras tanto la vida, que es mucho más grande que nosotros, nos plantea retos y dificultades una y otra vez que nos brindan la oportunidad de crecer y desarrollar recursos que están en nosotros y que no somos capaces de ver. En nuestra cultura occidental, funcionamos fundamentalmente con la parte racional del ser humano, cuando somos mucho más completos que todo eso, desatendiendo nuestras emociones y nuestro cuerpo que es donde se encuentra nuestro verdadero sentir y una importante fuente de información sobre cuales son nuestras verdaderas necesidades.
Invertimos mucho más esfuerzo en evitar sufrir que en ser felices.
Varias ideas sobre la Terapia Gestalt
  • La terapia Gestalt se enfoca en la ampliación de la toma de conciencia: conciencia emocional y corporal de uno mismo
    • Desarrolla una perspectiva integradora del ser humano, equilibrando aspectos sensoriales, afectivos, intelectuales, sociales y espirituales, permitiendo experimentar la totalidad del ser, potenciando las múltiples posibilidades del individuo.
      • Favorece el contacto auténtico con los otros y con uno mismo. Busca no solo explicar los orígenes de nuestras dificultades, sino experimentar posibles nuevas soluciones y formas de movernos en la vida.
      • Esta búsqueda, quizás a veces difícil y dolorosa, resulta un proceso de movilización que favorece nuevas posibilidades para la persona.
        • Es una terapia de concepción humanista y existencialista: considera al ser humano libre y creativo, y su comportamiento depende de su percepción y concepción del mundo, de “su propia verdad” interna
        El terapeuta gestalt
        El terapeuta gestalt nos acompaña en el proceso de conocernos en lo que somos, no en lo que hacemos, en la toma de conciencia de nuestro ser en el “aquí y ahora”. Trabaja con lo que se produce en ese momento, el pasado tiene la solución, pero es quien nos ayuda a descubrir nuestros propios recursos.